Esta vez todo va a salir bien
Durante ocho años olvidé visitar el pabellón de hematología, quería dejar atrás el recuerdo de los viernes en la mañana cuando sentada en una sala pequeña esperaba durante horas a que en la ventanilla la enfermera pronunciara ni nombre. Entre tanto, veía llegar a Tomas en los brazos de su mamá, sin miedo, más bien resignado a jugar de nuevo con los mismos muñecos de la sala pediátrica; al rato la monjita se asomaba por la puerta (siempre pensé que se parecía a la espiritista de Juegos Diabólicos), diminuta, gorda, alegre, con rasgos de enanismo, y a su lado otra religiosa que parecía su antagonista particular.
Casi siempre los mismos personajes. Afuera en el jardín, al lado de la herramienta y los desechos de la remodelación de esa ala del hospital, la gente fumaba y comía, algunos preferían la empanada y el tinto impregnados de olor a medicinas y hospital, entonces comían en la sala.
Si ese espacio era molesto para mí, lo sería aun más para cualquier persona que no tuviera la obligación de estar allí, por eso no hay alguien de mi mundo en esos recuerdos que pueda confirmar lo que digo, no hubo quien reprochara la decisión de abandonar las visitas a ese lugar.
Las cosas avanzaron un poco durante estos años, las plaquetas siguen bajando. A veces me ronda la pregunta de qué habría pasado si hubiese continuado el tratamiento, pero las posibles respuestas ya no me importan. Ahora entiendo qué pasa con mi cuerpo y no me creo invencible, ahora pienso y planeo el futuro y para lo que quiero se que debo estar bien, ahora y lo más importante es que a mi lado están las personas que amo, se que antes estaban allí sólo que no las deje entrar, y aunque aun no te conocía se que estabas por ahí rodando a mi lado; sólo espero que no se cansen de estar sentados junto a mi, ya verán que esta vez todo va a salir bien.
Dedo Roto dijo
¡Ay! Pero que niña más fea.
16 Marzo 2006 | 04:42 PM