Varias veces he intentado escribir sobre lo extraña que parece ser mi sangre y cada vez lo olvido por la misma razón, y es que siempre digo: no debo darle tanta importancia, ya ocupa demasiado mi energía - sobre qué voy a escribir si aun hay cosas que no entiendo - no quiero quejarme, no quiero condolencias... Y aunque lo sigo pensando, creo que escribir sobre lo inestable y caprichosa que puede ser mi sangre y lo que he hecho para manejarla puede servirle a alguien que tenga este mismo problema. Por ahora creo que me ayudará a mi.

El miércoles pasado en la tarde, la mujer que estaba a mi lado recibiendo quimioterapia, -para ella no era su primera vez-, me preguntó qué enfermedad tenía, y yo, en dos palabras, resumí como nunca antes mi diagnóstico: Púrpura refractaria.

Como frase de *Desiderata "siempre habrá personas en mejor o peor condición que tú". Escuché a la mujer del lado hablar sobre la aparición, control y ahora erradicación de su cáncer de estómago. Fue hace un año, cuando el color amarillo empezó a predominar en su piel hasta llegar al blanco inmaculado, pero no había dolor, el único síntoma extraño era el color oscuro de sus deposiciones, y fue eso lo que llevo a que el médico descubriera una hemorragia interna que obedecía a un tumor de tamaño descomunal encubado en su estómago.

Ahora, con 26 kilos menos tras las primeras quimioterapias para debilitar el tumor, la posterior cirugía para sacarlo junto a los órganos que había afectado y un tubo que reemplaza parte de su sistema digestivo, está en la etapa final del tratamiento, en las últimas quimioterapias necesarias para acabar con las ramificaciones del cáncer y evitar su futura aparición. Una semana al mes recibe el medicamento, una dosis por día, ese miércoles era el tercer día del segundo mes y ya las nauseas y el cansancio dominaban sus gestos más no su carácter que parecía aun muy gentil.

Antes de mi último pote de suero llegó "la negra", su hija de 17 años quien se ha convertido en su sombra, en ausencia de alguna pareja sentimental (esto último lo presumo de la conversación pues al hablar del apoyo, la compañía y fuerza necesarias para afrontar la enfermedad, sólo mencionó a sus hijas), de inmediato se levantó, recogió su chaqueta y el refrigerio que por obvias razones no pudo comer y se despidió: mejórate y que Dios te bendiga.

* Desiderata: Poema hecho canción justo para un curso de "Tips para una vida mejor"